El posicionamiento de Dianova

Por un deber de solidaridad, ciudadanía y justicia social

 

De manera general, los migrantes y/o refugiados dan más de lo que reciben; son consumidores de bienes y servicios de los países de acogida; muchos de ellos llegan con formación o capacitación específica, pagan sus impuestos generando riqueza. Cotizan para las jubilaciones de todos y contribuyen a la vitalidad y diversidad demográfica. En este sentido, Dianova cree que la migración juega un papel fundamental en la riqueza cultural y en el desarrollo de los países de acogida – como lo demuestran los análisis de la OCDE sobre el impacto de la inmigración en las finanzas públicas, el crecimiento económico y los mercados laborales.

Sin embargo, la crisis migratoria actual plantea un nuevo reto, en particular para los países europeos. Para afrontar este reto en el corto y largo plazo es esencial, por una parte, implementar políticas coordinadas de acogida e integración hacia los migrantes y/o refugiados y, por otra, luchar contra el rechazo creciente de la inmigración dentro de la población. Más específicamente, tenemos que contrarrestar los argumentos extremistas que hacen de la inmigración una amenaza para el empleo y la protección social, para la identidad de cualquier país y, esto sin obviar, los problemas que existan localmente, debido a las concentraciones excesivas de poblaciones recién llegadas.

Pensamos que sólo una concientización de la interdependencia de las naciones puede permitirnos comprender las migraciones como un fenómeno enriquecedor, inherente a las sociedades humanas, y susceptible de afectar a todos los países, incluyendo los que hoy en día son los países de acogida. Dianova estima que cada uno a su nivel (acción asociativa o ciudadana, trabajo de incidencia política con los gobiernos, apoyo a proyectos de acogida y desarrollo en los países de salida), puede ayudar a construir un mundo donde las migraciones ya no se consideren como una amenaza, sino como una riqueza y una oportunidad de desarrollo.

Por fin, entendemos que deben existir políticas que regulen los flujos migratorios. Estas políticas deben estar complementadas otras de ayuda al desarrollo en los países de emigración. Además, las políticas de regulación tienen que ser aplicadas con discernimiento y humanidad, para evitar la estigmatización de las poblaciones inmigradas, y garanticen su acogida y su integración en las mejores condiciones posibles

No Comment

You can post first response comment.

Leave A Comment

Please enter your name. Please enter an valid email address. Please enter a message.